No son pocos los abogados argentinos que dedican parte de su tiempo al canto y a la actividad artística. Por cierto, muchos lo hacen con pasión, conectando emocionalmente con la audiencia y transmitiendo sentimientos a través de la voz.
Una de esas letradas es la doctora Luciana Benítez o Lu Benítez, como se presenta artísticamente arriba de los escenarios y en las redes sociales. “Hace 30 años que soy cantante y reconozco que, desde chica, lo vengo tomando con mucho profesionalismo”, afirma la abogada y profesora en ciencias jurídicas.
En los ratos libres que le dispensa su actividad laboral, la actual integrante del área administrativa y docente de secundaria de una institución educativa, en el barrio porteño de Recoleta, comunica emociones, cuenta historias y conecta con el público a través del canto.
“Me encanta el rock, el pop, el coro, la comedia musical y, sobre todo, el folklore, en donde más me identifico. Porque es donde mi voz puede expresarse y sentir soltura”, destaca la versátil mujer de 36 años que también se desempeña como actriz, coreuta y bailarina.
Hija mayor de un cantante tandilense y una modista paraguaya (se enamoraron a primera vista en una disquería de Palermo), Lu Benitez nació en las proximidades del Congreso Nacional. A los 5 años, dos meses después de que naciera su hermana Belén, emigró a Tandil, ciudad bonaerense en donde sus progenitores montaron un diminuto quiosco enfrente de una escuela.
Apenas cumplió 6, se lanzó al canto. Al enterarse, la directora del establecimiento escolar la convocó para que tome clases de danzas folklóricas. Como también tenía un programa radial infantil, la invitó a entonar canciones. Allí, por sugerencia de su padre, interpretó tres letras que generaron la aprobación de la audiencia. Como consecuencia a ello, sin dejar de bailar folklore, la primogénita empezó a recorrer peñas y demostrar sus cualidades vocales.
Al cabo de tres años, por razones económicas, fundamentalmente, la familia Benítez optó por regresar a CABA. Envalentonada con la música, la niña, que se capacitó con Eliana Casero, Clara Canale, Carlos Barral, Nancy Edir e Izumi Ishigaki (en formación vocal), continuó su camino artístico en diferentes bares, centros culturales y espacios de la urbe porteña.
Hasta que un día comenzó a soñar con ser abogada. “Cuando era chica, mi hermana lloraba mucho en el cochecito. Entonces, dije que, cuando sea grande voy a ser abogada para que los chicos paren de llorar”, rememora exhibiendo su mejor sonrisa.
No bien egresó de la secundaria, se hizo un tiempo y visitó la Feria de las Universidades, junto a varias compañeras. Ya que quería tener un contacto directo y real de las carreras afines a sus necesidades. En la recorrida por el predio, descubrió una licenciatura: Relaciones del trabajo. El plan de estudios logró atraparla. Al punto que se inscribió en el CBC de la UBA. Todo venía sobre rieles, “pero al irme mal en la materia psicología, me asusté y cambié por abogacía”, revela comentando que la fue estudiando con mucha convicción.
Durante el transcurso de la carrera, mientras trabajaba en un estudio jurídico, Lu Benítez sufrió una crisis existencial. Fundamentalmente, porque la cursada universitaria y las actividades en la oficina, le restaban tiempo a su cable a tierra: adquirir conocimientos en teatro musical, dar clases de canto a 25 alumnos por semana, estudiar piano en el Conservatorio Astor Piazzolla y actuar en una comedia musical.
“Cuando me escuchaban cantar, sentía el reconocimiento de la gente. ‘¡Qué bueno lo que hacés!’, me decían. A partir de allí, me di cuenta que era el camino correcto”, recuerda la finalista del Pre Cosquín 2011.
Una tarde, de ese período de introspección, Lu Benítez visitó el centro de estudiantes de la Facultad de Derecho. “Un integrante, con sorprendente seguridad, me dijo: ‘Sé, que querés cursar el profesorado de ciencias jurídicas. Pero termina abogacía, porque es una carrera para toda tu vida’. Sin conocerlo, no sé por qué le hice caso. Es que finalicé la carrera en 2018 y me especialicé en derecho laboral”, puntualiza la abogada admitiendo que está recibida, pero jamás gestionó la matrícula.
Ni lerda ni perezosa, en 2019, la joven se puso estudiar ciencias jurídicas. Al cabo de cuatro temporadas, pandemia mediante, logró graduarse como profesora de nivel secundario, terciario y universitario.
En 2025 debutó como docente en la misma institución educativa privada en donde fue alumna y en donde ahora estudia su hijo. “Enseño la materia Formación Ética y Ciudadana a alumnos del secundario”, puntualiza la madre de Polo.

El pequeño de 2 años y medio es fruto de la unión con el eximio guitarrista y restaurador integral de muebles, Gabriel Loza, quien la acompaña en la vida y en la música. “Es una persona cálida, amorosa y paciente. Gabriel es muy curioso, le gusta investigar”, subraya Lu Bemitez.
Conoció a Gabriel en la etapa adolescente, más precisamente a los 12 años. “Casi de inmediato, se armó un lindo vínculo a de amistad. Porque era bajista de mi padre. Hasta que, a los 16 años, tuve grabar pistas para participar en los Torneos Bonaerenses. Así que, en el taller de muebles que Gabriel posee con su familia, me invitó a venir y grabarlas”, cuenta Benítez con nostalgia.
Apenas comenzó a relacionarse, surgió un sentimiento de amor idealizado: “¡Guauuu! Es mi amor platónico”. Pero todo quedó en una linda amistad. “Sin embargo, cuando cumplí la mayoría de edad, no tardé en declararle mi amor. Recuerdo que, en la tercera cita, me enteré que me había compuesto una canción: ‘Alguna vez’. Es un tema hermoso, pero a la vez es triste. Porque habla de la ilusión de estar con la otra persona y no poder hacerlo. Nos gustó tanto, que hicimos el videoclip”, rememora bebiendo un sorbo de café y apuntando que está en su canal de YouTube.
Desde el 2016 hasta el 2025 se desempeñó como asistente de dirección coral del Grupo Magnificat de la Asociación Civil y como directora vocal de la Escuela de Expresión Artística, donde trabajaba en la formación vocal y escénica de niños y jóvenes en comedia musical. Actualmente, es la directora del grupo Estudio Claves, con el cual en diciembre próximo se presentarán en el céntrico Teatro Multiescena.
Como bailarina, tuvo amplia formación en danzas folklóricas argentinas, tango y danza contemporánea, realizando estudios en la Universidad Nacional de las Artes (UNA) y con distintos maestros de danza jazz y danza contemporánea.
En el ámbito teatral, formó parte de distintas producciones de teatro musical y obras teatrales, entre ellas “Rapsodia”, “Kuyen Huapi”, “Mamá está más chiquita”, “Canela y Ron”, “Colorado Pulsión”, “Mujeres de la Conquista”, “Lion King en Concierto” y “Sálvame, el musical”, desempeñándose como actriz, cantante y coreuta en diferentes producciones teatrales y musicales.
Actualmente, mientras actúa en “El último pecado capital”, en la sala No Avestruz, la cantante-docente prepara su próximo concierto “Resonancia”, que realizará el viernes 18 de septiembre, a las 21 horas, en Rondeman Abasto.
Como corolario, se sabe que, lo musical y lo jurídico confluyen en la gente más de lo que a simple vista parece. Desde ya que, en ambos hay que adaptarse a reglas y los dos combinan técnica con creación. De todo esto está persuadida Lu Benítez, quien concluye con una reflexión: “Abogacía es una carrera para gente apasionada, y mi pasión estaba en el arte”.
Para saber más, consultar Instagram: @lubenitezmusica y YouTube: @lucianabenitez También en Spotify: Luciana Benitez


