Domingo Amaya (presidente) e Inés Frías Silva (vicepresidenta) del Ente Tucumán Turismo (ETT) recorrieron las bodegas de la Ruta del Vino de Altura, un producto estrella que fusiona paisajes únicos, cultura ancestral y vinos premiados. Acompañados por Julia Figueroa (subdirectora de Desarrollo Turístico), Ana Cristina Nores (referente de la ruta) y María Díaz Ricci (contenidos audiovisuales), evaluaron flujos turísticos, diferenciales y acciones conjuntas para elevar la experiencia y difusión.
“Lo valioso no es solo el vino, sino la cercanía con el productor, única en Argentina. Acompañamos con asesorías, materiales y fondos del Consejo Federal de Inversiones”, afirmó Amaya. Frías Silva agregó: “El diferencial es la gente, su orgullo y ganas de trabajar; nos motiva a innovar y posicionar Tucumán como referencia enoturística”.
Destacados del recorrido
Bodega Comunitaria Los Amaicha (emblemática, primera de Latinoamérica gestionada por originarios): Hasta 50.000 L/año con levaduras nativas para aromas únicos (enólogo Gonzalo Bas Nahas).
Vertientes Tintas (2.100 msnm, máxima altitud): Vinos con dulzor tafinista, maridajes locales y rituales a la Pachamama (Jorgelina Pastrana).
Lazarillo y Fortaleza (aspirantes a la ruta): Infraestructura top con degustaciones, viñedos vistas, malbec, mistela y espumantes (Juliana Montalbán y Gerardo Santander).
Consagradas: Chico Zossi, Río de Arena, Altos La Ciénaga, Albarrosa: Sostenibilidad (paneles solares, orgánico en Chico Zossi); aumento de visitantes gracias a ETT (Josefina Carro).
Hacia un corredor regional: Extensión a Santa María (Catamarca) vía Corredor de los Valles Místicos (Calchaquí–Yokavil), integrando bodegas y naturaleza por Ruta 307, potenciada por vuelos tucumanos (convenio con intendenta Erica Inga).
El ETT consolida esta ruta identitaria como eje de turismo sostenible, uniendo producción, cultura y paisajes para atraer visitantes nacionales e internacionales.

