Texas, más allá de los estadios de fútbol

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Mientras el mundo pone sus ojos en Texas por la 2026 FIFA World Cup y las celebraciones del centenario de la mítica U.S. Route 66, existe otro Texas que permanece lejos de los estadios, las multitudes y las grandes ciudades. Un territorio inmenso y silencioso donde el viaje se mide en kilómetros de desierto, pueblos detenidos en el tiempo y cielos nocturnos que parecen infinitos.

En el sudoeste texano, la ruta se transforma en parte esencial de la experiencia. Aquí no hay apuro: las carreteras atraviesan paisajes áridos, montañas escarpadas y pequeños pueblos con alma de western donde todavía sobreviven ecos del viejo oeste americano.

Uno de los puntos clave de esta travesía es Marathon, puerta de entrada al imponente Big Bend National Park. Allí, el histórico Gage Hotel se convirtió en símbolo de la región: un refugio elegante de espíritu cowboy donde viajeros y aventureros hacen una pausa antes de internarse en el desierto.

Más al sur aparece Terlingua, una antigua ciudad minera transformada en uno de los pueblos fantasma más fascinantes de Estados Unidos. Su pequeño cementerio, con cruces artesanales y tumbas sencillas, refleja la dureza de la vida en el desierto. Pero al caer la noche, el ambiente cambia por completo alrededor del Starlight Theatre, un viejo cine convertido en restaurante y escenario musical donde locales y viajeros comparten comida tex-mex, música en vivo y largas conversaciones bajo las estrellas.

En medio de este paisaje casi cinematográfico también surge Marfa, una inesperada meca artística en pleno desierto. Influenciada por el legado del escultor Donald Judd, la ciudad mezcla arte contemporáneo, minimalismo y cultura fronteriza. Allí, la famosa instalación Prada Marfa aparece como un espejismo moderno en medio de la nada.

El gran protagonista del viaje sigue siendo Big Bend. Este parque nacional, uno de los menos visitados de Estados Unidos pese a ser el más grande de Texas, ofrece una experiencia de aislamiento difícil de encontrar en otros destinos. Cañones, montañas y el curso del Río Grande dibujan paisajes salvajes donde la naturaleza domina absolutamente todo.

Sin embargo, el verdadero espectáculo comienza cuando cae la noche. Big Bend forma parte de la Greater Big Bend International Dark Sky Reserve, una de las reservas de cielo oscuro más importantes de América del Norte. Allí, lejos de cualquier contaminación lumínica, la Vía Láctea se revela con una claridad impactante. El silencio del desierto y el cielo repleto de estrellas convierten cada noche en una experiencia inolvidable.

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Para quienes buscan alojamientos con personalidad, el sudoeste texano también ofrece propuestas únicas. Desde el clásico western del Gage Hotel hasta la histórica Perry Mansion o las modernas suites y domos geodésicos de The Summit at Big Bend, diseñados para dormir prácticamente bajo las estrellas.

En 2026, mientras millones de turistas llegan a Texas atraídos por grandes eventos internacionales, este rincón remoto del estado propone exactamente lo contrario: silencio, inmensidad, carreteras vacías y paisajes capaces de devolverle al viaje su sentido más auténtico.

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Editor

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