La adolescencia es sin dudas una época de búsqueda. Se trata de identificar la voz propia y el espacio de pertenencia. La generación Alfa, protagonista de esta etapa, encuentra en su dormitorio una especie de pliego para proyectar su personalidad y los colores resultan aliados para darle forma a ese espíritu. Alba, marca líder de pinturas para hogar y obra del Grupo AkzoNobel, acerca reflexiones sobre las tendencias del comportamiento de este grupo y tips para sumar carácter y diferenciación.

La generación Alfa nació y creció en un mundo digital. El investigador Mark McCrindle, acuñó el término “Alfa” basándose en el alfabeto griego, ya que esta generación es la primera en nacer completamente en el siglo XXI, marcando un nuevo comienzo. Nativos de las redes sociales, se identifican y entretienen con Youtubers, TikTokers, Influencers y Gamers. Su habitación no es solo refugio, es espacio de expresión, es escenario de su presentación al mundo.
Lejos de una simple elección estética, el color aparece como una declaración de identidad. Cada tonalidad transmite sensaciones, define atmósferas, y moldea la experiencia.
“Elegir un color es elegir cómo queremos sentirnos. Los tonos neutros y naturales promueven la calma y el equilibrio. Las paletas suaves invitan a la serenidad y al descanso profundo, mientras que los acentos vibrantes aportan energía, dinamismo y carácter. La clave está en entender que cada habitación puede y debe contar su propia historia”, señala la Arq. Virginia Domínguez, especialista en color de Alba Pinturas, marca de grupo AkzoNobel.
Y agrega, “El dormitorio adolescente es, muchas veces, el primer espacio donde se ejerce autonomía estética. El color permite expresar identidad, intereses y emociones”.
Color. Las claves para construir identidad
Definir una base neutra y sumar acentos de personalidad
Una estrategia práctica es trabajar con los tonos neutros (arena “Sensación de Piedra”, gris cálido “Estambul”, “Blanco Quirúrgico”) como base, y sumar una pared protagonista o detalles en colores más intensos: “Azul Puro”, verde “Jaspe Precioso”, terracota “Vasija de Arcilla”, o lavanda “Palacio Persa”. Este permite renovar el espacio fácilmente a medida que evolucionan gustos e intereses.
Apostar a paredes con acento
Una pared pintada detrás de la cama o del escritorio puede convertirse en el centro visual del cuarto. Los tonos vibrantes transmiten energía y creatividad, mientras que los azules y verdes favorecen la concentración y la calma.
Incorporar bloques de color y formas geométricas
Las intervenciones gráficas – líneas horizontales, arcos, bloques de color – aportan dinamismo y modernidad sin necesidad de recargar el ambiente. Es una solución práctica para dividir visualmente zonas de descanso y estudio dentro del mismo dormitorio.

Colores que acompañan rutinas
Para los que priorizan el estudio, los tonos suaves como verde Efecto Bambú o el Gris Cobayo ayudan a crear atmósferas equilibradas. Para los perfiles más creativos o expresivos, los contrastes y combinaciones audaces estimulan la inspiración.
Escuchar la voz propia
Involucrar al adolescente en la elección del color y las paletas es clave. Más allá de las tendencias, el objetivo es que el dormitorio refleje quien es hoy y quien quiere ser mañana.
En tiempos donde la autenticidad cobra cada vez más valor, el color se consolida como un aliado estratégico para crear espacios que representen quienes somos y cómo queremos vivir. Su poder transformador nos permite convertir un dormitorio en un espacio de construcción personal. Refugio, estudio, punto de encuentro, escenario de expresión.

