Las residencias de marca se consolidan como una modalidad que conecta el mercado inmobiliario con los servicios de la hotelería de alta gama. A diferencia de una vivienda convencional, estos desarrollos asocian unidades privadas con una identidad hotelera y, según el proyecto, servicios y espacios comunes propios de un establecimiento de lujo.
Un ejemplo es The Stockman, un desarrollo anunciado en Steamboat Springs, Colorado, que combina 95 residencias privadas con acceso directo a las pistas de esquí y un hotel de 59 habitaciones de Auberge Collection.
El proyecto contempla espacios gastronómicos, un spa, piscina, servicio de guarda de equipos de esquí y actividades durante todo el año. La propuesta busca integrar la privacidad de una residencia con servicios asociados a una estadía hotelera.
En septiembre, Marquee Development anunció que había obtenido casi US$ 500 millones en financiación para avanzar con el proyecto. La operación refleja la magnitud de capital que pueden requerir los desarrollos que combinan vivienda, alojamiento y servicios de alta gama.
Para el comprador, el atractivo puede estar en la ubicación, la calidad de los servicios y la posibilidad de utilizar una residencia como segunda vivienda. Sin embargo, la decisión requiere examinar los costos de mantenimiento, las reglas de uso, los gastos comunes y las condiciones de cualquier programa de alquiler o administración hotelera.
También es importante distinguir entre una propiedad residencial con servicios y una inversión que garantiza ingresos: la existencia de una marca hotelera no asegura por sí sola una rentabilidad determinada.
El avance de este modelo muestra cómo el real estate de lujo explora formatos híbridos para responder a quienes buscan una vivienda en un destino turístico sin renunciar a los servicios y comodidades de un hotel.
